

No es mi culpa. Las clases empiezan en abril, así que este mes está siendo muy movidito. Vamos, mucha fiesta. Demasiada me atrevería a decir. Eso sí, también he ido a mis clases de alemán. Acabé el viernes 28 con un “Placement Test” pues, como buena Erasmus y por decisión propia, seguiré yendo a clases de alemán hasta julio (aunque solo sea tres horas por semana).
Pues, qué decir. Jueves, un poco de baile (salsa) hasta las 2 (enseñando a los americanos lo poco que yo sé, para seguir con la tradición de ya cada jueves). Viernes, cena en una pizzería para “celebrar” el fin de las clases de alemán. “Prost” para comenzar, mirando a los ojos claro. Y después la pizza para dentro. Ese viernes nos llovían posibilidades de fiesta por todos lados. Aunque finalmente resultaron ser falsas alarmas. Así que todo Weimar acabó en el mismo local. Bebiendo, riendo, hablando, bailando, haciendo fotos con todo el mundo.
Y después de ahí, a la Gerbe, la casa okupa. Porque en Weimar también hay casa okupa. Hasta las 7.30, como tiene que ser. Aunque los americanos no aguantaron hasta esas horas. Pero ya van aprendiendo, cada vez aguantan más, algunos más que otros.
Sábado. Más fiesta. Fiesta grande. El aniversario de una italiana. Una casa. Empezó muy calmada, había poca gente. Unas cervezas, una guitarra, la gente en el sofá. Después, karaoke con música italiana. Entonces llegó el resto de gente. Los americanos cantando en italiano. Buenísimo. Y después, cuando la gente ya estaba animada, disco party (todo en esa casa). Impresionante. A base de cerveza y de no parar de bailar.
Se me olvidaba. Al día siguiente teníamos una excursión (opcional) a un castillo cercano a Weimar. Yo quería ir. Pero las fiestas nunca son iguales, y ese castillo siempre está ahí. Así que no me costó mucho decidirme. Los americanos sí se fueron “prontito” a su casa. Digo “prontito” porque ellos se fueron a las 4 de la mañana. Yo llegué a casa a las 8. Sí, después de la fiesta, más fiesta en otro local. Bailando de día.
Sí, sí. El domingo ya paré (a medias). Tres cervecitas (porque las cervezas ya entran como el agua) y un poco de música. Aunque también acabé como a las 3. Y hoy, lunes, mi “Placement Test” de inglés. Porque también haré inglés un día por semana. Claro que sí.
De hecho, creo que llegaré a Barcelona hablando inglés, alemán e italiano. Bueno, más bien tendré un lío mental y no hablaré ninguno de los tres. Pero lo importante es que aquí estoy aprendiendo los tres idiomas. Yeah yeah (made in Peter, el australiano). Inglés con los americanos, escoceses, turcos, australianos, franceses, italianos… Alemán en clase y con algunos alemanes (con los que saben que no sé alemán y me hablan despacio, despacio, despacio) e italiano con los italianos. De hecho con algunos hablo inglés y con otros italiano. Lo importante es que aquí hay una mezcla increíble de idiomas, y que algo acabaré aprendiendo.
Por cierto, las instalaciones de la Bauhaus son impresionantes. La semana que viene empiezo. Veamos que tal.
lunes, 31 de marzo de 2008
Semana 5. Fiestasmus.
viernes, 21 de marzo de 2008
Semana 2, 3 y 4. Weimar, mi nuevo hogar.

Parque Ilm, enorme. Puente por donde pasa el río Ilm.
Este parque está lleno de escondites.
Sí, ya llevo casi tres semanas en Weimar. La verdad es que el tiempo pasa más que volando. Sé que cuando no me quiera dar cuenta ya me tendré que marchar de aquí. Y eso que aquí estoy más que mejor.
Mi adaptación, por el momento, ha ido bastante bien. Suerte de la ayuda que recibí. Además, los alemanes y los españoles no somos tan diferentes. Sigo viviendo en un piso, durmiendo en una cama individual y comiendo patatas fritas. Y bebiendo y bailando. Así que la cosa no cambia mucho. Lo difícil es entender a todos los americanos, escoceses, australianos y franceses que me rodean casi cada día. Porque ellos a mí sí me entienden. En plan indio, pero me entienden. Aunque cada vez me voy soltando más. De hecho el día que llegué conocí a una americana y casi no hablé con ella. No sabía como diablos hacerlo en inglés. Ahora incluso me río con ellos (cuando les entiendo. Si no me río igual, para no quedar mal).
Me gusta mi piso. Es de lo más céntrico de Weimar y además es un primero. Eso es importante, porque no hay ascensor. Lo “malo” es que cuando hay alguna fiesta en el edificio (porque ya ha habido una, para eso somos Erasmus) mi lavabo se convierte en un lavabo público, por lo que a cada rato tengo que subir con los invitados (digamos que soy la ama de llaves del lavabo).
Vivo con una escocesa, una italiana y una turca. Aunque de momento tan solo conozco a la escocesa, pues las otras dos chicas están de vacaciones (supongo que en sus respectivos países). La convivencia por el momento es buena, aunque se me hace extraño. Compartir piso con una chica que hace dos semanas que conozco, y con la que no comparto idioma. Supongo que por esa razón aún no mantenemos largas conversaciones, aunque sí salimos con el mismo grupo de gente y bebemos juntas (eso sí, a ella no le gusta la cerveza, solo la “Desperados”. Curioso). Suerte que hace unos días vinieron a saludarme mis padres (y a traerme mi ordenador y más ropa). Y como no, directos al Ikea a comprar cuatro cosas más. Fue bonito volver a verles, aunque no haya pasado ni un mes desde que me marché.
Realmente aquí mi vida cambia por completo. Digamos que a veces me falta tiempo, pues a parte de ser estudiante, soy ama de casa, fiestera y guiri. Y eso no es poco. Ah, se me olvidaba, también tengo otra gran responsabilidad. Cuidar a mi Bonsai. Sí. Es mi nuevo compañero de cuarto. Se llama “Sr. Wilson” (exacto, como el balón que acompaña a Tom Hanks en “Náufrago”). Ya sé que yo no estoy sola, y ya sé que Weimar no es una isla desierta. Pero ahora en mi cuarto somos él y yo. Y me hace compañía. Tranquilos, no me he vuelto loca; pero mi Bonsai es un ser vivo, así que lo trato como tal (aunque no lo saco a pasear ni cosas de esas). Pero sí le doy las buenas noches (os podéis reír) y lo riego cada ciertos días (darle de comer es necesario).
Y qué decir del alemán. Hago mis clases cada mañana. Pero ¡sorpresa!, no estoy en el nivel 1, sino en el 2 (aunque más o menos hacemos lo mismo, sí). Es difícil, para qué negarlo. Además, si la profesora no habla en alemán lo hace en inglés, así que para mí es faena doble. Pero es divertido no entender lo que te dicen e intentar descifrarlo.
En cuanto a la ciudad, realmente lo que he visto me encanta. Ese aire antiguo pero sin embargo tan cuidado y limpio. Las fachadas de colores. Las calles de adoquines. El enorme parque. El poder llevar la cerveza por la calle sin que la Polizei te diga nada…
Hablando de cerveza. Estoy haciendo colección de botellas de medio litro (porque aquí lo normal es de medio litro) y de jarras de cerveza (no las compro, así que imaginad). Creo que no hay día que no me beba al menos una cerveza (a no ser que el día anterior haya bebido para dos días).
Y aquí en Weimar se cena a las 20.00h, se empieza a beber a las 21.00 o 22.00h, y a las 3.00 la mayoría ya están en la cama. Pero tranquilos, estoy enseñando a mis amigos Erasmus a qué hora acabamos las fiestas los españoles y los catalanes. Y no se quejan no. También quieren aprender a bailar salsa. Y yo les enseño, porque aunque no sepa mucho sí sé más que ellos.
Esto me recuerda que debo dejar de escribir. Porque tengo que ir a bailar salsa en un rato…
domingo, 9 de marzo de 2008
Semana 1. Berlín, mi pre-erasmus.

Sí, lo sé. He estado desconectada un buen tiempo. Pero sería absurdo estar en una ciudad como Berlín y pasar las noches delante del ordenador. Evidentemente, no lo hice. Ya puedo decir que he calentado motores y he sobrevivido en la gran ciudad, así que creo que ya me puedo ir a Weimar.
Es curioso, porque echas de menos a tu gente, pero sin embargo eres completamente feliz y no cambiarías esto por nada. Al menos yo no lo cambiaría. He de decir que en Berlín no practiqué mucho inglés, y mucho menos alemán. Sólo lo básico. Hola, adiós, gracias y por favor. Porque la cuenta se pide con gestos, eso es internacional. Esto me pasa por juntarme con madrileños. Pero no puedo rechazar una oferta así. Estar en Alemania y hablar español es todo un lujo. Sí, muy mal, lo sé, pero sólo lo hice porque era mi pre-erasmus, es decir, era una turista que solo quería ver sitios, fotografiar, salir y beber. Y todo lo que viniera, claro.
En Berlín faltan luces, papeleras y pasos de cebra. Cuando un coche ve que cruzas, acelera, sin remordimientos. Y las noches son muy a lo “underground”. Con decir que bailé rap y que visité unos lavabos revestidos totalmente con grafittis... Las cervezas se beben de medio litro en medio litro, básicamente porque la gente se emborracha con eso. Los cubatas no existen (los vasos), y su equivalente lleva menos alcohol que un chupito (o casi). Eso sí, en general la bebida es más barata, y las entradas a los sitios también.
También hice turismo diurno, casi todos los días. Eso sí, es muy barato. Porque entre que se camina mucho y el transporte público no se paga, vas a donde quieras (bien, en realidad el transporte sí se paga, pero no hay barreras. Así que imaginad).
Y el último día, después de una semana entera de frío, fuertes vientos tropicales (en serio), cervezas, cubalibres, fiestas, turismo y demás, vi nevar en Berlín. Justo antes de ir hacia Weimar. Mireia y yo nos levantamos de un salto, como dos niñas pequeñas que nunca antes han visto nevar. Había cuajado. Pero poco después empezó a salir el sol. Así que mi primer día en Weimar fue soleado. Y sin nieve.

