
Parque Ilm, enorme. Puente por donde pasa el río Ilm.
Este parque está lleno de escondites.
Sí, ya llevo casi tres semanas en Weimar. La verdad es que el tiempo pasa más que volando. Sé que cuando no me quiera dar cuenta ya me tendré que marchar de aquí. Y eso que aquí estoy más que mejor.
Mi adaptación, por el momento, ha ido bastante bien. Suerte de la ayuda que recibí. Además, los alemanes y los españoles no somos tan diferentes. Sigo viviendo en un piso, durmiendo en una cama individual y comiendo patatas fritas. Y bebiendo y bailando. Así que la cosa no cambia mucho. Lo difícil es entender a todos los americanos, escoceses, australianos y franceses que me rodean casi cada día. Porque ellos a mí sí me entienden. En plan indio, pero me entienden. Aunque cada vez me voy soltando más. De hecho el día que llegué conocí a una americana y casi no hablé con ella. No sabía como diablos hacerlo en inglés. Ahora incluso me río con ellos (cuando les entiendo. Si no me río igual, para no quedar mal).
Me gusta mi piso. Es de lo más céntrico de Weimar y además es un primero. Eso es importante, porque no hay ascensor. Lo “malo” es que cuando hay alguna fiesta en el edificio (porque ya ha habido una, para eso somos Erasmus) mi lavabo se convierte en un lavabo público, por lo que a cada rato tengo que subir con los invitados (digamos que soy la ama de llaves del lavabo).
Vivo con una escocesa, una italiana y una turca. Aunque de momento tan solo conozco a la escocesa, pues las otras dos chicas están de vacaciones (supongo que en sus respectivos países). La convivencia por el momento es buena, aunque se me hace extraño. Compartir piso con una chica que hace dos semanas que conozco, y con la que no comparto idioma. Supongo que por esa razón aún no mantenemos largas conversaciones, aunque sí salimos con el mismo grupo de gente y bebemos juntas (eso sí, a ella no le gusta la cerveza, solo la “Desperados”. Curioso). Suerte que hace unos días vinieron a saludarme mis padres (y a traerme mi ordenador y más ropa). Y como no, directos al Ikea a comprar cuatro cosas más. Fue bonito volver a verles, aunque no haya pasado ni un mes desde que me marché.
Realmente aquí mi vida cambia por completo. Digamos que a veces me falta tiempo, pues a parte de ser estudiante, soy ama de casa, fiestera y guiri. Y eso no es poco. Ah, se me olvidaba, también tengo otra gran responsabilidad. Cuidar a mi Bonsai. Sí. Es mi nuevo compañero de cuarto. Se llama “Sr. Wilson” (exacto, como el balón que acompaña a Tom Hanks en “Náufrago”). Ya sé que yo no estoy sola, y ya sé que Weimar no es una isla desierta. Pero ahora en mi cuarto somos él y yo. Y me hace compañía. Tranquilos, no me he vuelto loca; pero mi Bonsai es un ser vivo, así que lo trato como tal (aunque no lo saco a pasear ni cosas de esas). Pero sí le doy las buenas noches (os podéis reír) y lo riego cada ciertos días (darle de comer es necesario).
Y qué decir del alemán. Hago mis clases cada mañana. Pero ¡sorpresa!, no estoy en el nivel 1, sino en el 2 (aunque más o menos hacemos lo mismo, sí). Es difícil, para qué negarlo. Además, si la profesora no habla en alemán lo hace en inglés, así que para mí es faena doble. Pero es divertido no entender lo que te dicen e intentar descifrarlo.
En cuanto a la ciudad, realmente lo que he visto me encanta. Ese aire antiguo pero sin embargo tan cuidado y limpio. Las fachadas de colores. Las calles de adoquines. El enorme parque. El poder llevar la cerveza por la calle sin que la Polizei te diga nada…
Hablando de cerveza. Estoy haciendo colección de botellas de medio litro (porque aquí lo normal es de medio litro) y de jarras de cerveza (no las compro, así que imaginad). Creo que no hay día que no me beba al menos una cerveza (a no ser que el día anterior haya bebido para dos días).
Y aquí en Weimar se cena a las 20.00h, se empieza a beber a las 21.00 o 22.00h, y a las 3.00 la mayoría ya están en la cama. Pero tranquilos, estoy enseñando a mis amigos Erasmus a qué hora acabamos las fiestas los españoles y los catalanes. Y no se quejan no. También quieren aprender a bailar salsa. Y yo les enseño, porque aunque no sepa mucho sí sé más que ellos.
Esto me recuerda que debo dejar de escribir. Porque tengo que ir a bailar salsa en un rato…


1 comentario:
Tienes razón... estas enseñando a los demás a que hora acaban las fiestas de los españoles... hehe.
Espero que la pases bien en Weimar y que encuentres la jarra de "Paulaner"....
Saludos al Sr. Wilson (haha)
Hans
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